martes, 17 de mayo de 2016

Bienvenidos a La República Bucay.


Just like the Pied Piper

Led rats through the streets
We dance like marionettes
Swaying to the symphony
Of destruction

El flyer de internet asemeja una invitación a un cumpleaños infantil: Amarillo ocre, con triangulitos de colores flotando en el margen de forma festiva. Destacado en letras grandes de color negro, en tipografía Comic Sans: Taller de Entusiasmo de Alejandro Rozitchner

La invitación es extendida a nombre de la Escuela de Dirigentes Políticos

El taller convida a inscribirse por mail a cuatro encuentros semanales: inteligencia positiva – Entusiasmo y superación del melodrama- taller de escritura (!) – ganas de vivir.
El conjunto del volante, a los ojos de cualquiera formado[1],  es una payasada.
Una payasada completa: desde el contenido del taller hasta la elección de la tipografía. Una payasada maestra, para nada sutil pero genial: aturde de infinitas iniquidades a cualquiera que sienta amor por la reflexión política, y atrae a los que por la razón que fuere, no disciernen filosofía, de un taller de entusiasmo.
Se abre así el hiato en el que construyen su nidito estos bichos que la juegan de intelectuales posmo: Como luce atractivo, como parece desafiar las preconcepciones sobre la política y la filosofía desde el mismísimo flyer, debe ser Bueno.


Aprovechan la tónica de taller inspiracional tipo coaching, tan cara a las compañías multinacionales que han instaurado en los entornos urbanos toda esta jungla de management de clima laboral,  para lanzar desde el oficialismo lo más in vogue para la homogenización y cooptación de la fuerza de trabajo en la pasarela de la patronal.
Los talleres inspiracionales son el básico preferido del disciplinamiento de la mano de obra en el sector privado. Buscan crear en el empleado (que asiste en la mayoría de los casos obligatoriamente) la conciencia de ser uno con su puesto. Fomentan la individualización de las faltas y la colectivización de los éxitos. Cuando hacés bien tu tarea ganamos todos, cuando tenés críticas estás siendo egoísta y le fallás al equipo. Utilizando el lenguaje ultra individualista de la autoayuda, se hacen pasar las necesidades del sector patronal por las propias, las metas de productividad de las multinacionales por el éxito personal, el goce de la vida privada es asociado al prestigio de la empresa donde trabajo. A mi lugar en ella. A lo que puedo aportarle.
Una vez que el empleado se ve reflejado en la cúpula empresarial a través del amansamiento de este tipo de prácticas, su discurso hacia los demás, es igualmente individualista: Me va bien porque es fruto de mi esfuerzo, mis faltas y carencias son de los demás que no juegan para mí.
El velado y último objetivo de los talleres de inspiración laboral, es evitar la acción colectiva y la solidaridad de planta. Las estrategias son múltiples, a veces ni siquiera requieren coaching externo. Basta con deslizar el cargo fantasma de “team leader” y la responsabilidad de apercibir a quienes antes fueron tus compañeros, para destruir el mejor de los ambientes al interior de una oficina. El designado para el cargo cumple el rol de comisario civil de sus compañeros por apenas 400 pesos más en el recibo de sueldo. Una bicoca.
Alejandro, el hijo de León, a través del lenguaje de la autoayuda, hace converger las necesidades de la patronal multinacional con las necesidades colectivas de la política, por lo tanto los dirigentes, devienen team leaders.
Y así, le otorga a la derecha la herramienta para interpelar a las masas a través de la esfera de la individualidad: Team Leaders en versión dirigencial.

¿Necesitan comprender los entramados de la dinámica social?

 No. 

Los dirigentes políticos del mañana necesitan entusiasmo, ganas de vivir, Led Zeppelin, marihuana[2]  y saber hablarle a Doña Rosa. 

Eso es lo que debe primar en los políticos: buena onda e informalidad.

Buena parla para transmitir los edictos ineludibles, fatales, de la economía.

 Ni la comprensión de las necesidades de la hora, ni talentos propios, ni coordinación de sectores en potencial conflicto, ni la historia, ni altura de estadistas, ni la reivindicación de los derechos, ni las necesidades y reclamos de la ciudadanía.

 Ni siquiera una puta escuela de gobierno.

 Ganas.

Parece joda. 

Pero no, no lo es.

Es el hilo de plata que conduce todo el relato de gestión hace 6 meses.

 Es la sangre aglutinante del espíritu de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hace 8 años.


Mirémoslo al Presidente. 

Con todo el respeto que su investidura  merece, el hombre presentó un Coach de Felicidad para que asesore a su Gabinete ampliado. 

Las respuestas ejecutivas a todo reclamo social contienen un tinte espiritual que dista de su representatividad secular: rezar, poner la mejor, sacrificio, dolor, fé.
Mientras los gigantes mediáticos custodian el desquicio institucional y social que se desató el 11 de diciembre, cuando el misticismo macrista se hizo cargo de la administración nacional, desde el Estado se promociona esta novedosa forma de entender el compromiso político: el entusiasmo.
¿El entusiasmo por tomar las riendas de la historia y transformar la realidad?
Algo así…
Es preciso entender que el lenguaje de la autoayuda es el único conector de sentido que puede darle un vuelo masivo al planteo político y social de esta derecha trasnacionalizada. Es lo que permite volver las experiencias ultraindividualistas en un horizonte de sentido meritócrata. Es decir: clasista y falso. Pero creíble.

Este taller parte de la premisa que a veces, abrumados por la rutina y algunos tropiezos personales, los ciudadanos se afligen y les echan la culpa a”la vida” (distribución injusta de opotunidades para el palo popular) porque lo pasan mal. O nos parece que el país es una cagada, porque no nos permite crecer tanto como nos gustaría, o no tenemos las cosas que vemos que tienen en otros países, donde se vive mejor.

Entonces, en vez de salir a juntarte con tus compañeros y hacer una movida colectiva, que por fuerza va a rozar individuos que no estén vinculados con el reclamo, para resistir y conseguir reivindicaciones de la patronal, miles de veces apoltronada tras los escritorios públicos… 

En vez de luchar, es mejor respirar.

En vez de formarse en la lucha por los derechos, a veces encauzada, otras, disruptiva...en vez de eso, mejor ir al taller de Ale.  

Ahora que la CEOcracia está a cargo del timón, es inútil resistirse. 

Mejor apegarse a la melodía de sirena meritócrata de la inteligencia entusiasta.
En vez de enfrentarse desgastantemente con corporaciones multinacionales devoradoras y ricas en recursos y militantes de todos los ámbitos, mejor un coach de felicidad de rango ministerial, que les pueda enseñar a los CEOS la correcta respiración y meditación necesarias para vetar leyes que dejan 120 familias en la calle, cancelar un policlínico, subir la nafta, dejar sin presupuesto la educación pública, o cargarse entera la Ley de Medios.


El papel del lenguaje aquí es fundamental. Se trata de cambiar el contenido total del lenguaje político para asemejarlo al del género en que mejor se desenvuelve el mentor: la chantada. 

El lenguaje político es entendido por el filósofo como algo bastante negativo, cuando no académico, por lo tanto vetusto, serio y poco entusiasta.
El sentido común y el eco de sus expresiones más burdas y mediocres son enaltecidas como la materia en la cual se cincela el mañana. Sofismo del más berreta, con una pátina dorada color Mc Donald’s.

Para transformar la realidad no hace falta más que querer dice Alejandro. Usar la inteligencia positiva. Si pongo lo mejor de mí, y la mejor onda, va a salir. 

Y si no sale, aprendemos de eso y vamos de vuelta. 

No hay que quedarse en lo horripilante, en lo indignante que nos signifique el presente. 

Hay que respirar hondo y ver lo bueno. 

No hay responsabilidades históricas.
Es cuestión de ponerse metas accesibles y llegar. No importa lo ESPANTOSO que sea el presente, o lo que deba hacer en pos de conseguir ciertos objetivos.  Ya voy a llegar.
Alejandro se me asemeja a la gente que saluda a los meses.
Y su cristal para la vida pública, es el entusiasmo ingenuo e irresponsable, profundamente cómplice de cualquier horror, recuerda al de la madre de Jonathan Pryce en la película Brasil.




 Antes dije que era una payasada, pero una payasada muy astuta.

A cualquiera que no comulgue con esa forma de ver la política y la filosofía, tamaña mamuchska de gilada lo estropea cerebralmente. Lo arroja al foso de los iracundos, al quinto infierno de las furias.
Y por lo tanto queda automáticamente en orsai por irracional delante de cualquiera que no haya explorado el mundo política y asocie esta actividad con la moderación y la corrección de las formas.

Instintivamente uno se ríe, lo descalifica, lo manda al sótano de lo increíble, del mentado país generoso. No se ocupa de combatir esta toxicidad en el lenguaje y entendimiento de la acción política, por considerar, equivocadamente, que se cae de maduro que es una payasada.

Pero no.

Prendió como fuego en un pajar…

Y es necesario entenderlo.
La academia se durmió en el pupitre y no pudo combatir a este flautista de Hamelin, que ahora cosecha voluntades garpado por el mismo Estado vanguardia que  subsidia al payasito explotador.
Lo que parece salido de un libro de Dan Brown, acontece en la realidad argentina.

Promocionan la construcción de tecnócratas del carisma. 

Dirigentes ni políticos ni sociales, sino de voluntades. 


En este universo, que la Facultad no pudo ni sabe combatir, que nos llenó la cara de goles que ahora se transforman en recortes y funcionarios cínicos, en este universo de resignación buena onda, lo permitido es un flan.
Cuando lo permitido en el horizonte político es un flan, la desidia estatal se cuela por la canaleta de los cursos de autoayuda y respiración.


Desde la perspectiva novedosa, descontracturada, tipo comic sans, la política se separa de la economía, que tiene sus reglas naturales descubiertas durante el primer ensayo neoliberal aquí, y adquiere la misión espiritual de llevar esperanzas a la población. 

Siembran esperanzas y confianza en el mercado privado. Le allana el camino para que se realice con gloria sobre la tierra.

En la concepción rozitchneriana del Estado, la función de este último es allanar el terreno para el mercado, sobre todo en lo que refiere a la mano de obra. Es decir, al disciplinamiento del grueso de la población económicamente activa del país. 

Pero no solo en lo referente a la mano de obra se avoca el horizonte de sentido de este nuevo movimiento ideológico heredero directo de Fukuyama al frente del gobierno argentino. 

Es la tarea irrenunciable del Estado, (concebido como una entelequia necesariamente informal) y de sus representantes, el de sentar las bases para mercantilizar lo que todavía no haya sido mercantilizado y resolver de una buena vez por todas, aquel problema de los bienes públicos no factibles de ser mercantilizados, que planteó Milton Friedman.

 Llevar al mercado y sobre todo a los ganadores de esta configuración actual del capital, a realizar el salto cualitativo que han estado esperando desde los 70s: la entronización del empresario como sujeto de la historia. La derrota de la clase trabajadora o subalterna en la batalla cultural.
Y para ello es necesario poner mucho entusiasmo.
Entusiasmo en la informalizacion de la razón estatal. No hablamos solamente de privatizar todos los servicios y áreas de responsabilidad, sino de imprimirle sello y esencia privada a la vida pública.


Cuando lo permitido es un flan semanal, es impensable una meta de Estado formal ampliador de derechos y promotor de los bienes públicos: espacios, educación, salud, seguridad social, estabilidad de precios. Es impensable hablar de cimientos institucionales, de ontología político-estatal en la propuesta de Rozitchner y Marcos Peña Braun.

 Más bien todo lo contrario, estamos ante un Estado Light, desgrasado y desmontable, que colabora con el mercado en la conquista cultural de todo aquello que le eleve un disgusto.  Idealizado como una app que ejecute subcontrataciones, terciarizaciones, subsidie a multinacionales para que contraten por debajo del salario mínimo vital y móvil, naturalice la radicación de empresas offshore propiedad de la mayoría de los miembros del gabinete, el Presidente y los oficialistas más notorios, fuga de capitales, flexibilidad laboral, quita de retenciones, tarifas precio “lo que dé”, focalizacion de la politica social, mayor inequidad en la coparticipación federal, revanchismo mediático y judicial. 

 Todo esto regado y salpimentado de retórica pastoral paternalista, discursiva de gurú empresarial y realismo mágico de saldo.

 Un poco más de horno y estamos a las puertas de la Cientología Neoliberal como Razón de Estado. 






[1] No en la mentada Academia que no es más que una entelequia pedorra de sentido común para no hablar de la camarilla de viejos garcas que rigen el aparato burocrático de ciertas casas de estudio, imponiendo su criterio, sus tesis y sus becarios y rechazando o boicoteando otros, como sufrió el papá de Alejandro, León; sino que posean al menos dos o tres dedos de criterio
[2] Pero guarda, mucho ojo, con tratar de legalizarla.


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