jueves, 2 de julio de 2015

La Concha en Orsai

La Concha en Orsai 

Cuando Gustave Courbet, pintó “El Origen del Mundo” no le avisó a su público que iba a colgar de la pared el cuadro gigante de una concha sin depilar. Intencionalmente, el profuso vello púbico oficiaba de elemento combativo de la expresión artística. Lo que otros naturalistas negaban “photoshopeándolo”, el lo acentuó, trasgrediendo la herencia neoclásica que exigía texturas más sutiles.
A pesar de su nombre (o a propósito de tal), el óleo de Courbet atravesó aproximadamente un siglo de existencia vergonzante. Sus múltiples propietarios ocultaron su condición de tales, incluido Jacques Lacan. Fue bautizado luego de comenzado el siglo XX y dejado de lado en varias retrospectivas a fines de la década del 70. Tras la muerte de Lacan, la obra pasó a manos del Estado Francés y recién en 1995 expuesta, bajo vigilancia especial, en el Museo de Orsay.
Los “performers” (actores y actrices) que ayer plasmaron su arte sobre la mesita en la que Milton milita todos los días, tampoco le avisaron a nadie que iban a iluminarnos sobre lo parecido que es un micrófono a un dildo.
De la repercusión que tuvo el evento, se desprende que su trasgresión fue no avisarle a nadie sobre el contenido de su performance previo a realizarla y haber utilizado un espacio que tradicionalmente se usa para otras tareas, que se asumen como la antítesis de ponerla (Acá Si Que No Se Coge es un lugar común para chicanear a la militancia de izquierda).

La concha (o el pito) han de estar ocultos para mantener su fetiche. El sexo “bien” es el sexo que se da en un lugar socialmente determinado para realizar esta actividad instintiva. El sexo “mal” (ese que no es arte) surge en los lugares de donde se lo ha corrido. Aparece en el cuadro de Courbet, aparece grabado en el colegio católico de San Miguel mientras dan misa, aparece ahí en la mesa de Milton.
El sexualizado “bien” coge donde, como y con quien se puede, se amolda a las circunstancias de un Otro que potencialmente se ofenda, ocultando su “origen del mundo”.
El sexualizado “mal”, border, garcha donde se le canta el culo y no le importás vos, al contrario, seguramente se caliente con tus ganas de llamar a alguna autoridad; al sexualizado mal no le importa mostrar su origen al desnudo, ni desnudar los orígenes ajenos.
Y eso es lo que espanta.
Del sexo bien se desprende lo mágico: el verdadero amor, la factura mística del Universo todo.
Del sexo mal solo pueden provenir hongos, enfermedades, hijos no deseados, promiscuidad.

Entonces el escándalo no pasa porque eran “lesbianas feminazis”, ni por la performance, ni por el micrófono, ni por los afiches enchastrados con semen y lubricante que nadie quiso limpiar.
Lo escandaloso es que me vienen a mostrar de manera incomoda, como metiéndome un micrófono en la concha, que no era necesariamente como a mí me parecía. Que el sexo se puede realizar en cualquier lado, sin perjudicar a nadie. Que se puede practicar, hablar, y construir arriba, abajo y al costado de una mesa de militancia. Que no hay un lugar “bueno”, que no hay “incorrecciones” entre la luz tenue del telo y la luz prendida sobre el libro de Foucault, entre el pucho después de garchar y el pasillo de la facultad.
Lo escandaloso es que la diferencia, LO diferente se me cuela entre los goznes de las puertas de la Facultad y se materializa en donde se pretende olvidado: arriba de la mesita de Milton.
Lo bochornoso es que concebimos esas instituciones para protegernos de lo visceral, de lo voluptuoso. Para algo construimos la antítesis entre intelectualidad y carnalidad…Apolo y Dionisio y todas sus reversiones.
Cuando voy a la cursar espero como mucho un barbudo gritón que me acose para que le compre La Prensa Obrera, o que el menú abunde en pan relleno. Las diferencias que estoy dispuesto a tolerar en la Facultad de Ciencias Sociales son la coexistencia de merendadores de birra con remeras de Perón, las pibas de cafecito cortado y abrigo de diseñador, o pan relleno, rastas y Calle 13.
Incluso entre los que bancaron la movida como una expresión artística, existieron reparos en tanto “hay que dar mucho debate antes de hacer algo así”.
Fue en la Facultad de Sociales… si no había debate, mejor que haya empezado por ahí. Cierto tufillo cómodo e individualista se desprende en eso que hay que dar mucho debate antes de tal cosa. ¿Cuándo empezamos? ¿Cómo lo empezamos? ¿Quiénes son los que lo van a empezar? ¿Dónde?
Decanta entonces en que el debate también se da en un espacio oscuro, enclaustrado, dedicado especialmente y que no debe tomar por asalto lo público, o mejor dicho, lo que entendemos como espacios públicos. Mucho menos obligarnos a mirar en nuestras censuras inconfesadas.

LO diferente no debe llamar la atención en los espacios públicos. Le ha de bastar con ser aceptado sin ser señalado, pero relegado siempre al anonimato. Lo progre es no juzgar y dejar a cada cual EN su intimidad, nada de andar iluminando con linterna los rincones en penumbra o de acercarles un micrófono.
Los pasillos de la facultad deben ser para hablar del fin de semana y repasar para los coloquios.
Lo diferente Debe estar definido y sobretodo contenido en un lugar específico donde yo sepa buscarlo o evitarlo. Y debe tener un propósito si quiere participar en lo público.
Si se puede respetar este pacto de silencio, entonces será arte y será sexo, digno de ser expuesto (aunque rodeado con una cortina).
La intervención artística ha sido exitosa, sin importar la consabida indignación de los medios masivos de comunicación, que Edu Feinmann ha sabido interpretar y exponer sublimemente. Exitosa porque nos obliga, no a mirar una cajeta y un micrófono, sino nuestras censuras propias. Lo que DESEAMOS censurar, clausurar, negar. A lo que no le queremos dar el micrófono.
El origen de nuestro mundo de silencios.
Nos es revulsivo porque no estamos de acuerdo, porque nos choca con nuestro propio conservadurismo. Somos nosotros los que no habíamos elegido el momento para exponer nuestros límites en cuanto a la sexualidad y lo permitido. Y a todo el universo que se juega en ello.
Somos nosotros los que nos sentimos desnudos, después de una manzana que no pedimos.
Las actrices de los Miércoles de Placer le bajaron los pantalones a toda esa improbable postura librepensadora y progre construida en motivadores con frases de John Lennon, y nos dieron pie a poder hablar libremente también de nuestros conservadurismos. Denunciando que el siomeprogresismo también está bajo las sabanas. Que apuntar una reflexión en direcciones impensadas con métodos heterodoxos puede ser tenido como abuso.
El arte, como la verdad y el sexo, no puede estar contenido en formas canónicas dispuestas en una vidriera privada y ordenada. La verdad no se elige.
La polémica propuesta artística llevada a cabo en la Facultad de Ciencias Sociales sobre la humilde mesita del PO nos escandaliza porque vino a mostrar que la concha, el origen del mundo, sigue estando en Orsai.

No hay comentarios:

Publicar un comentario