Los líderes políticos de la oposición en el Legislativo ya ni maquillan sus ganas de no representar a sus votantes en los recintos. Las bancas son usadas como trincheras antes de dar zarpazos al Ejecutivo. ¿Por qué? Principalmente dos motivos: por un lado piensan al votante como un consumidor, y responden a su horizonte ideológico, cada vez más pequeño. Por el otro, la distancia que se efectúa entre representantes y representados les permite cartelizar las bancas. Forman frentes que duran una elección, sus partidos son de plastilina y sus alianzas ocasionales trastabillan.
Su forma de arañar la agenda política es la denuncia repicada por los medios de comunicación que buscan tanto rating como lobby.
Por otro lado los esfuerzos democráticos de este gobierno son denostados desde el discurso paranoide: Si el legislativo ha cobrado mayor relevancia ha sido a partir de la figura presidencial. El Congreso es una escribanía del gobierno, todo viene (o no) de Balcarce 50.
Otros dedicados a la futurología hablan de la desaparición o conversión de La Cámpora al Sciolismo, ya que Daniel encabeza la formula pretendiente al Ejecutivo, sin mirar el otro cuerpo de la boleta del FPV, ni los candidatos al Congreso de la Nación y al Parlasur.
Cualquier persona va a comprender que no compres Ford porque sos fanático de otra marca, o que seas leal a una compañía o una marca, o que prensado no fumés, o que no poses tu cuerpo en un bar que no sea Starbucks. Hay dietas y estilos de vida fetiches del buentipismo. La identificación y la elaboración de identidades a partir del consumo es comprensible y bienvenida hoy día.
Y en tanto quien pase 4 horas todos los días en el gimnasio figura dentro de lo comprensible, los militantes de todas las fuerzas politicas oscilan en el imaginario colectivo entre el ingenuo utilizado que quiere cambiar el mundo porque no tiene nada que hacer, hasta el mezquino puntero/empresario ladrón.
El mantra de enganchaditos cancheros "son todos iguales, boludos útiles o chantas manipuladores”, refleja nuestra profunda deuda con una democracia que recién se ha fortalecido en los últimos 32 años. También refleja una profunda reticencia a permitirnos construir política y a dotarla de nuevos y mejores sentidos.
La clave del éxito, es mantenernos dormidos. Comiendo basura en paquetes, deshojando margaritas, llorando la novelita. La clave del éxito, para que estén tranquilos, todos juntitos jugando al gran bonete.
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