jueves, 10 de noviembre de 2016

Lady and a Trump






Las elecciones estadounidenses y un final ¿sorpresa?
En el mes de junio Michael Moore advertía las serias chances de ganar del ahora presidente electo, Donald Trump.
Sin embargo medios internacionales y sus acólitos locales en cada cadena de servicios de información, se dedicaron a desalentar dicha opción.
La candidata demócrata Hillary Clinton contó con el apoyo y la militancia de todas las corporaciones mediáticas, militares, armamentistas, internacionales, también con las asociaciones de derechos civiles y del propio presidente Obama.

Sin embargo, Trump, un candidato sin NINGUNA trayectoria política whatsoever ganó a pesar de las encuestadoras, del conglomerado mediático, de Wall Street, de Obama, a pesar de la comunidad internacional, a pesar de Malcorra y Lousteau.
Desde ayer presentadores y analistas de radio y TV se preguntan angustiados
¿cómo hemos llegado a esto?

Los entrevistadores que hasta la semana pasada rozaban el Fantinismo, haciéndoles tomar posición al aire por la candidata demócrata, hoy se preguntan
¿cómo ha pasado?

La sorpresa al menos, es genuina. La de los medios, la de la clase política estadounidense, la de la clase política aspiracional argentina.

Mientras en TN comparan al Kirchnerismo con Trump (luego de haber comparado al proceso abierto en 2003 con el chavismo, el nazismo, el stalinismo, el porfiriato mexicano, y el imperio Chino), o tildan a este último de “populista” -el más grande invento de inteligencia mediática desde la bala mágica, para señalar a quien no está absolutamente en sintonía con los deseos del stablishment estadounidense -, entre bocado y bocado de ignominia, continúan incredulos.
¿COMO ha sucedido?

En Twitter abundan los gráficos trazados sobre las boca de urna, que revelan que las minorías se volcaron hacia Hillary, mientras que el hombre blanco promedio estadounidense lo hizo por Trump, más el 27% de latinos.

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Hay abundancia de respuestas tentativas similares a esta, cuyas conclusiones son francamente incomprobables en el cortísimo plazo.

Quizás haya una sola respuesta para contentar la pregunta de los mediáticos.

-han dejado de lado al electorado-

No buscaron comprenderlo, sino decirle que hacer, que pensar, como sentirse.

Los mismos que les dijeron que se aguanten la crisis, que les dijeron que había que rescatar bancos y empresas pero no el empleo. Los mismos que descorchaban champagne desde las alturas de sus lujosas oficinas durante el Occupy Wall Street. Los fabricantes de armas que los desean para ir a la guerra pero que de ninguna manera dejarían de venderles armas a sus hijos a la vuelta de cada esquina. Los laboratorios que ejercen presión sobre todos los gobiernos para que el sistema de salud estadounidense sea una garcha de proporciones colosales, costandole a un trabajador no registrado alrededor de 2 mil dólares por un yeso en una fractura.

La clase política que se dedicó a tejer alianzas con estas mismas corporaciones y se confió excesivamente en el poder mediático, también corporativo, que propulsaron figurines ridículos como Gloria Álvarez para esmerilar desde la opinión pública a los gobiernos latinoamericanos, en vez de ocuparse del electorado interno y sus necesidades. Es decir priorizaron los intereses corporativos estadounidenses en el mundo, por sobre el bienestar del pueblo en el que se asienta su rol.

Se alejaron de su base representativa.
Y perdieron.

Moore fue quizás el único analista que trazó una descripción del estado de ánimo del electorado norteamericano, y concluyó que Trump tenía serias posibilidades de ganar.

La cartelización de la política internacional queda cristalizada en el rostro desencajado de todos los presentadores de noticias y programas relacionados con la cosa pública. El aislamiento de los partidos políticos, alejados de sus bases (Trump no tiene “bancada” en su propio partido, que controla el Congreso), que ahora se ven sorprendidos en el bosque y sin papel, por este outsider que jamás fue siquiera concejal de un pueblo, son cabal respuesta de lo que ha sucedido: como decía Marx, la respuesta está en todo aquello que el poder no puede decir sobre si.

Subestimaron al electorado y sobreestimaron el poder de sus herramientas para imponer un clima de opinión.
Ahora, todo el aparato que sostiene al status quo internacional, queda en duda. Algo tendrá que cambiar, si no quieren que nada cambie. Regla de oro del gatopardismo al que llamamos “estabilidad”.

Aclaremos un tanto: nada de esto es mérito de Trump.
Es la conclusión de un sistema de relaciones de poder asimétrico, anquilosado, antidemocrático, asesino, hipócrita y terrorista.

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