sábado, 28 de noviembre de 2015

Desengaño

Es una historia clásica, demasiado común para sorprenderse o fingir novedad. 
El venía de una vida cuyos últimos años habían estado cubiertos por una mediocridad espantosa, estaba vencido por la adversidad, aplastado por la inercia. Todavía era joven, pero cargaba la cinitud y el dolor de los viejos. A pesar de sus encantos, se notaban sus cicatrices. Algunas demasiado frescas, otras supuraban por nunca haber sido atendidas.
Ella, bueno… no sabemos bien, porque la historia que nos llega es la de él y no la de su compañera de aquellos años. Sabemos que era muy bella, aunque a primera vista no lo parecía tanto. Que era muy buena, que su pasado no parecía tan bardo en comparación con el de él. Era una mina exitosa, no solamente en su carrera o profesión, que olvidamos constantemente porque su compañero nunca le prestó atención. Era exitosa porque conseguía lo que deseaba. Lograba que lo desees vos también. En esa fuerza se multiplicaba esta mina, era capaz de trasladar sus visiones de futuro a los que la rodeaban.
Eso la hacía exitosa.
Es evidente, reinterpretando su pasado, que la hora sonó en el momento que esos dos se conocieron. El venía con ganas de pasar por boxes, ella necesitaba ocuparse de algo grande, una tarea titánica. Acompañar al mugriento este le pareció un ejercicio perfecto de amor.
El no daba más de desconfiarle a su buena suerte. Mujeres como esta solo se consiguen en los sueños más secretos. Esas ternuritas ocultas que tienen todos los que juegan a dársela de duros de la vida, porque nacieron y siguen siendo mantequitas.

Ahora la flaca dormía al lado suyo. De todos los boludos al lado de los que podría haber dormido, boludos con auto, con dinero, con trabajos más estables. Podría estar recorriendo el mundo con alguno de los que la invitaban… ¿Qué hace en este colchón tan así nomás?
La abrazaba y la besaba en la oscuridad, sonriendo.

Conseguir lo que soñamos no es para cualquiera. Una vez que concretamos una búsqueda, el corazón pedirá nuevos proyectos de los que ocuparnos. Pero no todos sabrán interpretarlo.
Tener a la mina de tu vida al lado tuyo, destruye las ilusiones que tejiste en el pasado cuando no la conocías. Conseguir lo que soñás te deja la abultada factura de luchar para mantenerlo. Los sueños están hechos de una materia volátil, no cotizan en mercado ni en bolsa. Es imposible predecir lo que acontecerá con ellos si no los cuidamos.

Cuando lo que soñamos se vuelve una realidad encarnada al lado nuestro, también se corren los velos de lo que verdaderamente somos. El se sentía un hombre con todas las letras, porque nunca había conocido una mina así. Con la loca esta al lado, que no paraba un segundo de hacer 9 cosas bien y una muy como el culo… se le empezaron a mover algunas estanterías.
¿Por qué no podía ser un ratito como cualquier otra mina y ponerse a limar las uñas y preocuparse de los escándalos de Tinelli? ¿Por qué no se dedicaba un rato a ser una aplastada mental y física como la idealizacion de mina promedio manda?
 El emperramiento de esta pelotuda por ser siempre diferente de las demás, la empezó a alejar de él. Como ya no podía referenciarse en los sueños que no alcanzaba a cumplirse a sí mismo, la veía cada vez más diferente. Como estaba empecinado en seguir pateando para adelante la hora de poner de su parte, puesto que se esforzaba todo el día en tareas ingratas, él se fue alejando.
Todos los días deseaba un poco más, volver a las viejas épocas de mugre y soledad.
En la soledad se conocía. Acompañado por esta mujer, pudo espiar hacia adelante. Tuvo la opción de sacar un crédito para la construcción de su propio futuro, o volver a alquilar un dos ambientes sin luz con la cocina integrada al comedor, separada por una puertita corrediza.
Eligió la segunda opción. Después de todo, él siempre se había manejado solo. Y nadie ni nada iba a cambiar eso. Ahora que sabía que los sueños pueden volverse realidad, que hay bondad encarnada en las personas más improbables, se envalentonó y se mandó mudar.

Sabemos menos que poco de ella a partir de este punto.
De hecho en este punto nos detuvimos a pensar, que nuestro entrevistado quizás nunca la conoció del todo. Las referencias que nos dió son muy vagas, demasiado entretejidas con impresiones y valoraciones suyas. La cerveza ayudó a aflojarle la lengua, puesto que hablar del pasado feliz le abre más las heridas que creyó curar con la mina que dejó.
Creemos que hubo un primer tiempo de separación en que ella lloró, muchísimo. Y que él se comportó como el hombre que creía que era, es decir, un perfecto imbécil.
Creemos que ella se mantuvo más o menos digna cuando lo vio hacer las valijas, a pesar de que él confiesa haberle visto un brillo de odio en las pupilas. Quizás era la vergüenza propia de haber elegido un ingrato. Sabemos que cuando lo quiso abrazar por última vez, él se negó. Sabemos que le pidió un último beso, y que también se negó.
Se negó porque la muy atrevida se animaba a ser más que él en esos últimos instantes juntos. Porque no actuaba como él pensaba que debía actuar una mujer ante la noticia que su marido se toma el palo porque quiere cambiar, pero no logra articular qué carajo de todo lo que hasta ayer dijo amar, lo hartó.

Le negó un último gesto de amor por hija de puta, por permitirse en todo momento ser mejor que él. Por no haberse dado cuenta que todo lo que quería, era que fuera imperfecta, que agachara la cabeza y le sacara de encima esa puta sensación perenne de nunca ser tanto, de nunca estar tan preparado para todo.

Porque la hija de mil puta, cornuda imbécil, parecía preparada hasta para ser dejada de sorpresa. Se fue en bronca, dando un portazo.
Apenas soltó el picaporte del otro lado, un vacio gigantesco invadió su pecho. Una sensación ácida y corrosiva, que lentamente dejaba paso al pavor, invadió su corazón mezquino.
Dicen los vecinos que durante 2 o 3 semanas la vieron pasar desfigurada. Débil y pequeña como un fantasmita. Compraba algunas cosas para mantenerse en pie, pero muchos pensaron que iba a desaparecer. Que algún día iban a ver una ambulancia estacionada en la puerta del edificio donde quedó sola, y de él iba a salir una camilla con la sabana hasta arriba.
 “Que triste” decía la panadera… “esos dos sí que eran el uno para el otro. Casi que podías creer en el amor si los veías juntos. Que chico raro ese. Ojala Dios lo guie”.
Dios no lo guió. O lo guió exactamente de vuelta adonde estaba antes de irse atrás de una pollera. O mejor dicho, se dio cuenta que nunca se había movido del lugar. Lo que había cambiado era su aspecto, su salud, su higiene. Estaba un poquito más leído y más mimado que antes. Pero estaba en el mismo lugar. La hija de mil puta lo había puesto a punto, acicalado y cuidado hasta entonces, pero no había conseguido que se moviera del lugar en que lo encontró.
Consideró que eso también era culpa de su ex.


Hace un par de días lo vi, en una esquina del centro. Trabajando de algo así nomás, como siempre. Algo que para variar, no reflejaba todo el enorme talento y potencial que ese hombre tenía adentro y que solo una mina en todo el planeta pudo ver, porque ella había sido igual antes de conocerlo.
Lo vi, lo saludé, le compré una coca chica y nos quedamos hablando en la placita del ombú cerca del Luna Park al abrigo de un fasito. Empezó contándome que él no cambió, que está como siempre. Que “bien” es una palabra que usa como sinónimo de “meh”, porque sigue siendo el mismo que no da explicaciones.
Y cuando dijo eso, se puso a llorar. No rompió en un llanto patético, tan solo unas lágrimas y la voz apenas quebrada.
-El otro día la vi- dijo bajito, asumiendo que yo sabía de quien estaba hablando  –estaba más hermosa de lo que la recuerdo, y apenas cambiada. Me la imaginaba en el Norte viviendo en un castillo, hablando mil idiomas, rodeada de chongos a su altura….chongos que hablen mil idiomas también y sepan jugar al ajedrez japonés. Durante este tiempo me consoló saber que con otro no se divertiría  de la misma manera que conmigo. Que nadie podría nunca arrebatarme el lugar que conquisté a su lado, caminando juntos a los besos, borrachos, por las calles pintadas del barrio. Que nadie la iba a hacer reír, que ninguno me apartaría del recuerdo de su corazón. Excepto yo cuando me fui. Me creí tan irremplazable hermano…
-y que onda, ¿qué estaba haciendo?- En este punto me imaginaba que la habría visto casada y con familia.
Pero no. Con este romance malogrado las cosas nunca fueron tal y como pensamos.
- ¡La hija de puta se estaba riendo!- bramó, espantando tres palomas- Yo que la hacía en un castillo, o buceando con las tortugas milenarias de Galápagos, o hablando en algún foro internacional de gente pilla…. ¿sabés que estaba haciendo? Estaba cagándose de risa, arriba de un camión, descargando fruta y lácteos para la feria del barrio.

- Cuando estaba conmigo no quise que lave ni un plato, ¡ahora la veo cargando cajones y haciéndoles chistes a negros verduleros transpirados por el sol! Yo la imaginaba en mil trajes de noche, con un cocktail en la mano a lo Marilyn, porque siempre le dio el piné. Y ahí me la encuentro, en la plaza de Pappo, descargando camiones, transpirando, poniendo un cuerpo tan frágil y tan pequeño, que contiene tantas cosas fabulosas, dignas de ser reconocidas por el mundo… para una feria de mierda de barrio.

Y lo peor, es que saberla totalmente fuera de mi alcance, me hubiera dejado tranquilo. Me hubiera abrigado en esa soledad lógica. Pero verla ahí, con la remera gastada de los Doors y sin maquillaje, mucho más viva que otras minas, mucho más viva que yo, me partió al medio.
Que yegua, la puta que me parió… yo estaba rendido antes de empezar, y esta turra jamás se permitió un lujo así. Hasta tiene mejor culo que antes.
Que flor de yegua.

 Mientras me iba en bondi, me felicité por no haber dicho nada tras su confesión.
 Era evidente que aquella chica no esperaba reconocimientos de condes que jueguen ajedrez japonés, ni de foros internacionales, sino de aquellos que consideraba sus iguales. Él le mezquinó eso, y al hacerlo se mezquinó a sí el poder de transformar su realidad. Fantaseó con que otros podían reconocer y felicitar las cualidades de quien fue su mujer. La entregó al todo sin ser consciente de ello y se enojó con ella cuando rechazó sus fantaseos, y eligió realidades. Ahora fantasea que alguien pueda volver a ver en él, el potencial que creía tener de joven.


Pero en el amor, como en la política y la religión, es mejor no hablar de ciertas cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario