miércoles, 16 de septiembre de 2015

Plumas, humo y cacareo

Los tiempos electorales son tiempos acelerados y últimamente, se han vuelto estridentes. Debido a la creciente cantidad de consumidores de información política, los medios y los actores de este ámbito buscan constantemente la creación de productos políticos que los mantengan en boca de todos. En este reinado de los asesores de imagen, una figura política debe buscar estar siempre vigente en los medios, independientemente de su labor pública.
Esta forma de entender la comunicación política y social, obtura la construcción real de la misma y ha ido cobrándose más víctimas que resultados.
Es el triste caso de Victoria Donda.
Donda hoy, otra vez, da una clase magistral de no saber que el mundo da vueltas, ni que pasó ayer, ni cuando un accionar es violencia de género, ni cuando no lo es. O que fue exactamente lo que dijo la presidente.
Porque básicamente no le interesa. Pero sí le interesa parecer excesivamente interesada.
La presidenta habló de violencia contra una mujer. La alocución presidencial refería a quitarle un entramado “grietistico” a lo que fue un acto violento ejercido contra una mujer. Sin embargo no habló de violencia de género. Y si analizamos lo que pasó en la presentación del Presupuesto 2016, fue lisa y llanamente un robo. El periodista de Reuters no quería fajarla por mujer, quería hacerse con el cuadernito del presupuesto antes que los demás. De haberlo detenido un varón, la reacción posiblemente hubiera sido la misma.
Donda pasa de banalizar la pobreza por la mañana, utilizándola para hacer campaña a través de cautelares y denuncias, a banalizar la violencia de género por la tarde. Referirse a lo burdo de sus denuncias, y a lo mediático de su actuación pública, automáticamente es un ataque hacia la mujer en general. Acusa a toda una organización de un comportamiento machista y estigmatizador, pero de ninguna manera los afiches con grandes escotes y “la política que te gusta” o el picarón “vamos a portarnos mal” fueron alguna vez tenidos en cuenta como explotación de la figura femenina, joven y sensual de la siomeprogresista Victoria Donda.
A Vicky le preocupa la pobreza, pero no sabe ni encargó, ni tiene idea cuanto es el porcentaje, ella piensa que “los números deben ser alarmantes”.
Llamando por teléfono al marido de Maria Eugenia Vidal le puede encargar, presupuesto mediante, un sondeo… o puede ir al Mecon a buscar los números del censo 2010. Pero ella elige el camino de la Lilita Laica y poner una cautelar en la justicia… porque sabemos que es muy redituable pasar por la mesa de entradas del juzgado y sonreír a las cámaras, total, si la cosa no prospera, siempre podemos acusar en tv amiga al gobierno de ejercer un “exceso de peronismo” (sea lo que esto fuere), en vez de aceptar lo vacuo de sus actuaciones para la tribuna.
Ni la decencia ya de una campaña decente.
Varias veces le han contestado a Vicky Donda sobre la cuestión del índice de pobreza. Existe la intención de hacer este índice más amplio, dado que hoy en día, aunque usted no lo crea, el índice de pobreza se calcula por el porcentaje de la población cuyos ingresos no alcanzaban a cubrir el costo de una Canasta Básica Total (CBT), que incluye alimentos y servicios. Se trata de una medición “absoluta”: más allá de los ingresos del resto de la población, es “pobre” quien no puede cubrir sus necesidades. Hoy en día existe una amplia discusión para comenzar a medir la pobreza en forma relativa, como se hace en Alemania, es decir, el “pobre” lo es en relación con los ingresos del resto de la población, aún si con sus ingresos puede cubrir completamente sus necesidades.
La medición de la pobreza en un índice relativo y no absoluto sí abarcaría por ejemplo la noción de “calidad de vida”, que el índice actual no contempla.
Cada vez que le explican a la diputada porqué todavía no se publican los números de pobreza (pero también le explican que se usan las mediciones del Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires y la invitan a mirar esos números), a Donda la indigna que le contesten desde lo objetivo. Vicky parece desconocer que de presentar los números requeridos ahora, estos serian seguramente mucho más favorables al gobierno que con un índice relativo de pobreza.
Es decir que la diputada tendría mucho más material real sobre el que trabajar como oposición (si alguna vez se dignara a ser un cuadro político y no un figurín de pasillo) con los números de pobreza futuros, y no con los actuales.
Pero claro, lo que pasa es que Vicky no quiere trabajar. Busca hacer escándalo para movilizar al público al que su publicista le indica ahora. Antes eran los atorrantes pero simpáticos de la política, los progres jóvenes y jodones y por eso había que pelar escotes “irreverentes”.
 Ahora mamis jóvenes preocupadas porque ALGUIEN PIENSE EN LOS NIÑOOOOS. Y se le va la vida en impostar que es representativa de algo, porque hace mucho que abandonó la verdadera vocación política.
Si, cualquier político tiene bastante de vedette, debe tenerlo si aspira a una banca. Pero no es todo en la vida, y la realidad no está contenida en los estudios de tres o cuatro canales de televisión. No se puede hacer carrera política con contestaciones de un centímetro de profundidad y una profusión de twitts, retwitts y grititos quebrados desde un silloncito en Intratables.

No es machismo todo lo que te deja en orsai, Vicky.
El feminismo falopa está muy bien para que Malena Pichot se llene de guita diciendo pavadas en el teatro, la labor pública es otra cosa.
Y si no, sentate al lado de tu marido a panelear a Majul. Posiblemente te sientas más cómoda.

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